jueves, 19 de octubre de 2017

Robert Hugh Benson, un recuerdo personal, por Fr. Joseph H. McMahon, Ph.D.

Hoy se cumplen 103 años de la muerte de Monseñor Benson. He encontrado este artículo escrito por un sacerdote norteamericano amigo de Benson y lo he traducido para ustedes. En él encontrarán algunos aspectos íntimos de su vida y remarca por sobre todo el fuerte celo sacerdotal de quien hoy cumple un nuevo aniversario de fallecimiento. Ruego a ustedes una oración por el eterno descanso de su alma. Las fotos son originales del artículo del padre McMahon.

Robert Hugh Benson: Un recuerdo personal, por Fr. Joseph H. MacMahon, Ph. D



“Soledad” la última novela de Mgr. Benson, cualquiera sea el veredicto de los críticos, será siempre para mí su mejor novela por un prejuicio de interés personal. Él escribió los últimos capítulos en las pocas horas de la mañana de un brillante día del agosto recién pasado, cuando por última vez yo viajé a Hare Street para ser su invitado por un fin de semana. Esa noche, después de la cena y después de mencionar los temas tratados en la novela y el propósito que perseguía al usarlos, él me leyó aquellos capítulos finales. La escena fue muy interesante e íntima.

Gracias a unas adquisiciones posteriores él había aumentado los terrenos que originalmente rodeaban la casa de Hare Street, hasta abarcar unas considerables tres o cuatro propiedades continuas. En una de ellas había levantado dos encantadores y pintorescos cottages. Creo que su idea era formar una distinguida colonia de católicos en esta remota y aburrida villa inglesa, que no había experimentado la presencia de católicos hasta que él llegó a establecerse ahí. Fue atraído por la belleza de la puerta de hierro forjado estilo Carlos II, la cual conduce a la larga, espaciosa, cuadrada y confortable casa que él compró. De esto estoy seguro, por su pórtico y sus viejos revestimientos.

Fue en uno de estos cottages, ocupado por una señora de distinguido linaje, conversa ella también, (N.Tr.: se trata de Miss Lyall, hija de Sir Alfred Lyall) donde fuimos invitados a tomar nuestro café.  Fue una práctica habitual ir con él a la denominada en forma elegante, “sala de estar de la casa de campo” a beber una pequeña taza de café y fumar innumerables cigarros mientras en un semicírculo alrededor de la hermosa habitación iluminados por una tenue luz de un candelabro eléctrico, se sentaban sus huéspedes y unos cuantos vecinos y visitas de ella. Apenas se intercambiaban los saludos la criada entraba con el brillante juego de café y entonces, con su característica impaciencia por la pérdida de tiempo, él preguntaba si podía comenzar. Leía rápidamente entre frecuentes aspiraciones a su cigarro. Para los desacostumbrados ojos americanos era divertido ver a estas graves damas inglesas, todas con “grandes aires”, alargando plateadas cajas de cigarros y encenderlos con calma fumando plácidamente mientras él leía, hasta que alguna interjección causaba que la lectura fuera suspendida al tiempo que una animada discusión tomaba lugar para decidir sobre algún punto de vista literario o de apreciación artística. Él no tomaba las críticas dócilmente. Al primer síntoma de desacuerdo se ponía rígido a la expectativa del ataque y con la determinación de defenderse. En más de un punto de la discusión de aquella tarde y en las posteriores, él tendría el buen sentido de analizar las críticas sobre las materias. Y entonces, con el cigarro pendiendo de sus labios, clavaría su lápiz en el manuscrito o quizás mantendría firme el manuscrito con la mano que sostenía el cigarro, el cual ardía con rapidez distribuyendo naturalmente sus cenizas libremente y con una fina indiferencia, y haría las correcciones.

Invariablemente a la hora establecida para las oraciones de la noche, él se detenía súbitamente y con un brusco “Buenas noches” se apuraba a salir a través del oscuro sendero que cruza el variado jardín, familiar para él, pero muy difícil para el extraño, deteniéndose para indicar algún peldaño peligroso o una rama sobresaliente hasta llegar a la capilla. Los sirvientes se reunían y pronto la puerta que daba al camino público se abría, y en la oscuridad del crepúsculo se esparcía la luz de la lámpara del sagrario. Podían apreciarse las figuras de nuestro círculo de lectura de hace un rato, y sobre sus cabezas lucían mantillas españolas y sus ricos vestidos crujiendo mientras se arrodillaban cada una en su lugar acostumbrado. Luego, desde su puesto detrás de la reja que separa el coro de la nave que sus propias manos habían ayudado a tallar, llegaba la severa y sumisa voz que cinco minutos antes había estado formulando sus propias mágicas palabras para representar amorosas escenas, o conmovedoras emociones, pero que ahora reproducían reverentemente las hermosas oraciones de completas. Terminada la lectura unos a uno los devotos se marchaban desapercibidamente, dejándolo acurrucado en su actitud favorita leyendo maitines y laudes, con la luz sobrenatural de la lámpara del altar.
 Por mucho tiempo en mi mente vivirá el recuerdo de dos escenas en apariencia tan diversas, aunque en realidad están muy conectadas. Porque la historia basada en la soledad de Elsa se urdirá con la gran pasión y con la tragedia de la soledad de su niña-heroína católica que la trajo de vuelta a Dios, y que encuentra su explicación en esta delgada figura ahora absorbida en la oración delante del altar de Dios. Porque él intentó en verdad usar su don literario dando a conocer, a través de las creaciones de su mente, las manifestaciones de ese Dios que vive en su oración.


II.-
Creo que “Soledad” da no sólo la pista más clara sobre el propósito de Mgr. Benson al escribir sus novelas, sino que también para todo el carácter de su vida católica. Él estaba siempre esforzándose por traer a Dios a los hombres, y no contento con llegar a los que pudieran ir a oírlo predicar, buscó una mayor audiencia entre quienes despreciarían sus instancias desde el púlpito, pero que podrían ser conquistados a través de la historia de una novela. Esto es evidentemente el propósito de “Soledad”. Creo que artísticamente es uno de sus mejores trabajos. No hay mucha introspección como en “El cobarde”, tal vez su mejor estudio psicológico, sin embargo, esto realza su interés como historia. El tema de Elsa es una constante a lo largo del libro, como el tema del Grial en la música de Parsifal. Incluso entre la seductiva sensualidad de la música del segundo acto de Parsifal suena el motivo del Grial como una advertencia y un contraste. A lo largo de “Soledad” el tema de Elsa está presente. El trágico incidente a través del cual es transmitido su sentido de su insolación es muy poético y completo, y la emocionante escena final es artísticamente embellecida en un alto grado. La lección es poderosa. El propósito del libro, como revelado en aquel noctibus ambrosianis, fue un poco para enseñar exactamente el peligro que reviste para un católico estar asechando aquellos matrimonios mixtos a los cuales el predicador católico con tanta fiereza y tan a menudo denuncia inútilmente.
Este esfuerzo para transmitir algunas verdades o enseñanzas católicas fue el propósito fundamental de todas las novelas escritas por Mgr. Benson. Poseía el maravilloso don de imaginación, el espléndido poder de la descripción, una notable capacidad para la observación y un genio para la creación de personajes que parecían reales. De hecho, él podía llegar a impregnarse con cualquier lugar o periodo. La primera vez que me visitó aquí en América tres años atrás, mencionó que había estado escribiendo una novela que trataba el tema de la muerte de Carlos II. Estaba muy prendido con ese canalla real porque, tal como él decía, era genuino. Lo que más le interesaba de él era la muerte católica de Carlos. Sin embargo, no estaba satisfecho en cómo estaba escrito el libro. El año pasado, con ocasión de su segunda visita, alegremente me contó como por este disgusto había arrojado su manuscrito al fuego. Luego se había sumergido por dos semanas en las bibliotecas leyendo e investigando sobre ninguna otra cosa más que sobre el reinado de Carlos II, y así fue como escribió la novela que apareció después con el nombre de “Bichos Raros”. (Oddfish)

Durante mi visita a él en el último verano tuve una larga caminata una mañana, la cual me condujo a través de algunas encantadoras villas. Yo no estaba familiarizado con el país y estaba ansioso por identificar estos lugares que me habían impresionado. A mi regreso a la biblioteca, donde él había estado trabajando, observé un largo mapa colocado en una esquina. Pensando que podría ser el mapa del condado que me mostraría aquellos poblados le consulté por esto y me sorprendí al escuchar su comentario: “¡Oh! Este es un plano de Londres de la época de Carlos que yo agrandé y dibujé a escala. En el puedo encontrar mi camino a cualquier parte.”

Algunas veces sus observaciones fallaban. Yo había escrito una descripción de Hare Street House para “el consumo doméstico” de algunos de sus devotos amigos de América. El estaba interesado en escuchar mi descripción. Comencé diciendo que el muro que cerraba la propiedad era una alta empalizada de madera o una valla de madera y él me interrumpió para decir “¡Oh no!, te equivocas en esto, el muro es de ladrillo”. Y lo que ocurrió es que era otra cara de la misma moneda. Yo había caminado hacia abajo del camino donde la valla era de hecho una empalizada de madera, pero como él siempre giraba hacia arriba del camino, en su dirección ¡el muro era de ladrillo!




III.-
Todos estos dones o facultades de los que él hacía uso eran para llevar a sus lectores a entrar en contacto con las cosas y la con vida católicas. Personalmente desconozco si hay alguna otra descripción más fascinante de una misa católica que la que se encuentra en “¿Con qué Autoridad”?  y en” “El Triunfo del Rey”. Estos relatos históricos son sin dudas fascinantes tanto para los no-católicos como para los católicos. La poesía y los auto sacramentales de la liturgia católica están tan artísticamente empleados que uno se hace insensible a la inoculación de la verdad dogmática. Sin embargo, me parece que una lectura no católica inteligente a la exquisita descripción de las flores ornamentales del altar y al fino análisis de las oraciones litúrgicas que conducen a la consagración, debe no solamente tener la más clara idea del credo católico sobre la Presencia Real, sino que debe compartir de alguna manera la reverencia de los católicos por este misterioso ritual.

Los lectores de sus novelas deben también haber notado su gran respeto por las antigüedades. Un gracioso ejemplo lo ilustrará y explicará. Caminábamos un día a inspeccionar una finca recién adquirida por una devota amiga suya, Lady Gifford. El capellán se encontraba viviendo de modo muy confortable en el extremo de un largo granero, donde las habitaciones habían sido alhajadas con todas las comodidades modernas. La otra parte del granero había sido convertida en una considerable capilla que, en mi opinión, podía acomodar a unas cien personas. Se le había colocado suelo de cemento, artefactos de calefacción a vapor y se le había aplicado una impermeabilización a los laterales y las paredes se habían reforzado con tornillos de acero. La apariencia en su totalidad era muy buena. Encontré a Benson mirando con atención los pilares de madera verticales que sostenían el techo y hablando con entusiasmo con el capellán. Estos pilares habían sido carcomidos casi hasta un punto peligroso por el ganado que había ocupado los establos ahí por centurias. A mi pragmática mentalidad americana le pareció mejor echar abajo toda la estructura y construir un edificio moderno. Pero esto para los ojos de Benson habría sido una profanación. La razón radicaba en que este lugar era un enlace que se extendía de vuelta hacia los tiempos en que Inglaterra era católica y dote de nuestra Señora. Ahora como capilla católica daba una lección objetiva de continuidad. Por tanto, en todos sus libros está tratado el tema de las antiguas casas y hogares católicos. El lector no puede evadir el hecho de que son descritos edificios reales existentes y que las escenas representadas en ellos los conectan con los católicos de la antigua Inglaterra.


A mi juicio, y me alegra decir que también a juicio suyo, desde el punto de vista literario “Richard Raynald, ermitaño” es el mejor de sus libros. Es una gema perfecta. Tiene el refinamiento, la elegancia de estilo, el final que sus otros libros, escritos a prisa y bajo gran presión, carecen con demasiada frecuencia. Pero su propósito es el mismo: reproducir una etapa de la vida en Inglaterra que solía ser católica y hacer a los modernos ingleses pensar sobre su regreso a esta idílica mística existencia que está en tan agudo contraste con el materialismo de la actual vida inglesa.

Volvamos a otra clase de sus escritos. El mismo propósito se percibe en sus novelas sociales o psicológicas. Algún aspecto de la vida católica es la constante a través de la cual es enseñada una lección religiosa. En “Un hombre común”, por ejemplo, no deja duda sobre la gloria del sacrificio heroico por amor a la verdad. “El cobarde” enfatiza finamente la visión comprensiva de la naturaleza humana que posee la Santa Madre Iglesia, incluso donde la madre naturaleza falla. “Iniciación” enseña la necesidad y la nobleza del Evangelio del dolor en una era que busca el confort físico por sobre todas las cosas y, por tanto, se desliza hacia la sensualidad y lo peor. Sus novelas apocalípticas nunca me interesaron personalmente, pero ellas revelan su facilidad para ver los diferentes lados de una cuestión y escribir desde cada punto de vista. Él solía decir con regocijo cómo con ocasión de una visita a Roma, recibió una insinuación de un distinguido eclesiástico y amigo que algunas sospechas estaban circulando por sus libros relativos a futuro de la Iglesia y del fin del mundo y que sería mejor que tuviera más cuidado. “¡Oh en absoluto”! – fue la respuesta de Benson – “Ya he terminado con ellos. No tienen mayor interés. Ya no escribo ninguna línea más en torno a eso”.
Sus críticos inconscientemente daban testimonio de la existencia de este mismo propósito subyacente. Recalco el hecho que cierto periódico francés escrito para sacerdotes examinó una serie de sus novelas que habían sido traducidas al francés, señalando su profundo significado religioso e incidentalmente llamando la atención un par de veces sobre un punto en el cual el escritor de la crítica había descubierto a Benson en el error. El juicio del Times no pasará al olvido. El crítico del Times notó el hecho que Mgr. Benson había dado una nueva concepción del Jesuita histórico a la literatura inglesa y esto en el futuro debía ser considerado. El mismo documento apunta a la escena del lecho de muerte de Carlos en “Bichos raros” como digno de un comentario especial.




IV-
El propósito que se muestra tan claro en sus novelas fue, desde luego, un reflejo de lo que dominaba su vida como sacerdote católico. Esta vida se extendió solamente por una década, pero compensó en intensidad lo que le faltó en años. Escogió la predicación como un llamado especial, y en ella trabajó hasta el final. Estaba especialmente agradecido por la oportunidad de venir a este país, el cual le fascinaba enormemente y cuya complejidad le interesaba muchísimo. Su primer viaje a América fue por una invitación de la familia Bellamy Storers. En esa ocasión él dio diez conferencias en la famosa residencia de la Sra. Jack Gardiner en Boston. Con posterioridad estos fueron publicados con el nombre de “Cristo en la Iglesia”. De un modo u otro su visita a Boston no causó mucha impresión, aunque predicó varias veces en la catedral. Pero al menos se hizo conocido por el hecho de ser él un predicador. Cuando vino a Nueva York respondiendo a mi invitación a predicar durante la cuaresma en la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, fue interesante constatar cuán bien conocido era él en especial entre los no católicos.

Dos cosas han contribuido a establecer su reputación. La primera es por sus relaciones. Es pintoresco y sorprendente pensar que el hijo del arzobispo de Canterbury predicara como católico en una iglesia católica. Numerosos fueron atraídos por este hecho, como por ser conocido por sus propios libros y por los de sus hermanos. El interés despertado entre los no católicos en su comparecencia aquí fue una revelación para nosotros y llegó a ser embarazoso. Como es natural nuestra primera preocupación fue para con nuestros católicos, pero no podíamos rechazar los requerimientos que nos llovían a cántaros y pronto encontramos que, con el fin de dar una oportunidad a todos, él tendría que dar una conferencia en un amplio salón público. Por lo tanto, durante su primera visita cuaresmal a nosotros en dos ocasiones el gran salón de baile del Hotel Astor fue repletado al máximo con una distinguida audiencia compuesta en gran parte por los no católicos. El encanto de su personalidad quedaría grabado en los que lo escuchaban. Las personas que lo han escuchado en Inglaterra o en Roma recorrieron algunas veces grandes distancias solamente para oírlo en Nueva York. Nuestra pequeña iglesia ordinariamente acomoda ochocientos cincuenta personas cuando está completa, pero llegaron a estar mil doscientas apretujadas en muchos de los sermones de Benson. Cuando él regresó dos años después encontramos que fue necesario que dictara conferencias adicionales semanalmente en nuestros auditorios.

Durante sus últimas dos visitas a los Estados Unidos fue siempre lo mismo. Donde quiera que se anunciase que Mgr. Benson iba a hablar una multitudinaria audiencia era garantizada. Se estima que durante aquellas dos visitas él se dirigió a más de cien mil personas. Su actividad era una maravilla. Algunas veces predicaba unos cinco sermones en un día. En varias instancias tuvo que viajar sobre cien millas entre sermones. Parecía florecer con el entusiasmo. Nunca rechazaría una invitación a predicar a menos que estuviera física o moralmente imposibilitado para aceptar. Nunca se ahorró nada para sí mismo. Se interiorizó en el espíritu de nuestra vida americana, disfrutando de la prisa y del bullicio de la misma, simpatizando con sus aspiraciones y entendiendo sus instituciones. Nuestra jerga lo atraía en razón de su pintoresco, y con orgullo infantil él se pavoneaba en el correcto uso que de hacía de ella. Nuestras cortes y prisiones le interesaban enormemente. Recuerdo su visita a Sing Sing donde, no contento con hacer lo que de ordinario hacen las visitas, tuvo que sentarse en la silla eléctrica por el gusto por aquella experiencia. Su veredicto sobre nuestro sistema de prisiones fue que era vastamente superior al de su propio país.

Desde el fondo de su corazón inglés él pudo y apreció lo que aquí encontró y, de hecho, disfrutó con entusiasmo cada nueva experiencia. En una ocasión manejó en la cabina del ingeniero la enorme locomotora moviendo uno de los expresos más rápidos entre Nueva York y Albany. Más tarde confesó que su corazón estaba casi en su boca durante el viaje, y él se retorcía mientras el enorme monstruo tomaba las curvas alrededor de la desembocadura del Hudson, imaginando que éste debía inevitablemente zambullirse en al río.

Resumiendo sus impresiones de América él dijo una vez que sabía la diferencia entre su país y el nuestro. Su país poseía antigüedades y sus monumentos, y la conciencia de sus posesiones causaba que sus compatriotas vivieran demasiado en el pasado. Aquí, donde todo era nuevo y las cosas debían, en efecto, ser creadas, nosotros vivíamos mucho en el presente y no nos afanábamos reflexionando sobre el pasado y aprendiendo de sus lecciones. Pensaba que esto era particularmente cierto en la vida religiosa americana.


V- 
 Con su febril afán por el trabajo Mgr. Benson delató la premonición de que no viviría mucho tiempo. En varias ocasiones él expresó este sentimiento cuando se lo reprochaba. El volumen de trabajo que él asumió era enorme. Su correspondencia era voluminosa y muy diversa. Disfrutaba particularmente la comunicación con los no católicos. Tenía un maravilloso don para apreciar sus puntos de vista y simpatizar con ellos, y esto lo llevó a asociarse con muchas organizaciones no católicas. Uno de sus amigos más apreciados fue el Rev. R. J. Campbell, el célebre clérigo de la City Temple de Londres. Estaba asociado a él en el comité editorial de un periódico con el fin de prevenir cualquiera mala interpretación de la enseñanza católica. Es por un crédito de ambos que la asociación continuó hasta su muerte. De hecho, él solía relatar con gusto cómo Mr. Campbell, el cual lo había invitado a una reunión de no católicos, lo protegió de una audiencia cuando una importante porción de ella comenzó a molestarlo. Este mismo entusiasta deseo de ser un punto de contacto entre la Iglesia Católica y los miembros de la iglesia que él había dejado lo llevó a actuar como uno de los miembros del equipo de sacerdotes unidos a la capilla motorizada del apostolado inglés en su primer tour. Este vagón evangélico católico iría a algunos pueblos o ciudades inglesas donde no había una iglesia católica en un esfuerzo por reunir una audiencia que escuchara la prédica de la doctrina católica. La experiencia de Benson fue unas veces divertida, a veces peligrosa para su seguridad. Él estaba muy orgulloso del resultado de uno de sus trabajos en el establecimiento de una iglesia católica en Buntingford, un pueblo a dos millas de Hare Street y cerca de treinta de Londres.

Siendo esto lo dominante de su vida católica, no fue extraño entonces encontrarlo mostrándose en todo su quehacer. Sus novelas, tal como lo he dicho, están inspiradas por aquello y no contento con este método de propaganda, volcó su atención al drama como medio de enseñanza. En los llamados auto sacramentales él fu muy exitoso. Uno de ellos, “La Natividad”, capturó admirablemente el espíritu de los antiguos auto sacramentales ingleses medievales e incluso el pintoresco encanto de su lenguaje. Sus últimos auto sacramentales, “La Habitación Superior”, la que será producida por primera vez en Nueva York este invierno, por supuesto que no puede ser juzgada por la prueba práctica, sino que ofrece una buena lectura y una gran posibilidad dramática como una presentación de un auto sacramental del día de la Pasión con la introducción de la figura del Señor. “La Doncella de Orleans” fue muy exitosa y un intento, como inglés, de reparar las falsificaciones inglesas de este bello personaje. Llegó a estar convencido en los últimos meses de su vida que él podía llegar a convertirse en un exitoso autor de obras de teatro y consagró un considerable tiempo a la dramatización de algunas de sus novelas. Un crítico competente que leyó aquellos esfuerzos en el manuscrito pensó que podrían ser exitosos. Sé que él colaboró con un famoso actor y manager en la construcción de una basada en su más exitosa novela. Sin embargo, el punto débil en esto, a juicio del colaborador, es el punto débil de sus novelas como creación artística, esto es, el fracaso que tiene en el interés amoroso. Sus personajes femeninos apenas hacen justicia a este sexo o a este interés humano.


Mgr. Benson fue siempre un apasionado aficionado a la música. Resulta extraño decir que él tocaba bastante bien tanto el piano como el órgano, pues lo hacía solamente de oído. Pero también en sus últimos meses de su vida él hizo un estudio formal de música.  Su intensidad y concentración para este proyecto una vez más triunfó y en unas pocas semanas de hecho pudo tocar muy bien para un amateur. Su ansiedad e inquietud se mostró también en su deseo por aprender a pintar. Su instructor fue un famoso de la Academia Real que había caído bajo el encanto de su personalidad magnética y que se sintió bastante orgulloso de las aptitudes de su pupilo.

VI-
No puedo terminar esta desordenada reminiscencia sin insistir en lo admirable de su magnetismo personal. Fascinó a la gente que sólo lo conoció por medio de sus libros. Ha sido para mí un placer recibir numerosas cartas de personas que trataban de describir la influencia de esta personalidad sobre ellas. Es difícil, casi imposible, analizarlo exactamente. Su apariencia no impresionaba. Sus rasgos eran algo toscos y su rostro no era atractivo. Sin embargo, cierta dignidad en la delgada figura llamaba la atención. En el discurso era todo acción. Su pequeño cuerpo se retorcía y se estremecía a causa de la presión de sus emociones. Sus gesticulaciones eran prácticamente nulas y si había alguna era brusca. Su voz era ronca y suavizaba solamente por la tensión de algún irresistible entusiasmo, y con todo, él fascinaba a su auditorio. Poseía en un alto grado el misterioso poder de atraer para sí las almas de los hombres. He visto el maravilloso efecto sobre su audiencia mientras ellos respondían gradualmente a su poder hasta sentarse rígidos y tiesos con la tensión, y suspendidos sin aliento por el torrente de palabras que con ímpetu él arrojaba. El secreto era esta personalidad. La adulación y el culto al heroísmo le eran ofrecidos en un grado extraordinario, pero su simplicidad, inocencia y por sobre todo la absorción de su apasionada vida le dieron la inmunidad contra la adulación y el orgullo. Pasó ileso a través de las más terribles rigurosas pruebas para un hombre de su posición y con sus poderes. La vanidad no tomó parte en ninguna de sus composiciones.


Mgr. Benson fue una gran fuerza para el bien espiritual. Su muerte, que llegó inesperadamente, aturdió mucho a sus admiradores. El comentario del Atheneum encontrará un gran eco aquí. Su muerte es una pérdida visible para la literatura inglesa contemporánea. Es más, sus novelas fueron traducidas al francés, alemán, y danés, y comandó todo un círculo de lectores. Por tanto, su pérdida es lamentada por personas de muchas razas diferentes. Su vida fue una llama de fuego. Es patético usar para él las heroicas palabras con las que su última novela, “Soledad”, concluye.

martes, 19 de septiembre de 2017

Invitación a la Santa Misa Tradicional en Valparaíso

Este domingo 24 de Septiembre con ocasión de la celebración de Nuestra Señora de las Mercedes se cantará la Santa Misa Tradicional Cum Jubilo en la Parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro en el Cerro Toro, Valparaíso. La Misa será a las 12 hrs, y antes a las 11:30 tendremos un homenaje musical a nuestra Señora que estará a cargo de los niños acólitos que interpretarán alguna piezas para violín y violoncello. Les adjunto la invitación


jueves, 14 de septiembre de 2017

Aviso Santa Misa Tradicional en Valparaíso

La Santa Misa Tradicional, que se reza cada domingo en la Parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, Valparaíso, por este domingo 17 de Septiembre se rezará en la Capilla del Ex-Fundo el Vergel en Hijuelas, a las 13 hrs. 





miércoles, 23 de agosto de 2017

El sueño cumplido de R.H.Benson: St. Richard of Chichester

Monseñor Benson nunca termina de sorprenderme, y sigo descubriendo en su vida aspectos notables. Siempre ando buscando en internet fotos suyas que sean inéditas o poco conocidas, o artículos de la época para subirlos al blog. Así me enteré sobre su aporte a la construcción de una hermosa iglesia en el pueblo donde él vivió, en Buntingford en el condado de Hertforshire y que ahora es una parroquia: Saint Richard of Chichester conocida también con el nombre de Benson Memorial Church. Les dejo algunas fotos y la traducción de un par de artículos, uno actual y otro aparecido en The Tablet en agosto de 1936 y que hacen alusión a esta capilla. Este último tiene un reportaje que incluye una verdadera inmobiliaria que ofrece casas “con electricidad y agua” cerca de la iglesia y de la casa de R.H. Benson.

                 BUNTINGFORD - ST RICHARD OF CHICHESTER
                    
John Salmon [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

 Una revivida iglesia gótica de silex y piedra construida entre 1914 y 1915, diseñada por Arthur Young y financiada en parte por el llamativo escritor y polemista católico Mgr. R. H. Benson, del vecindario de Hare Street House. Benson murió en 1914, y la iglesia se convirtió en su memorial. La torre se añadió posteriormente. La iglesia, el presbiterio y el Benson Hall son de interés histórico y ocupan una posición prominente dentro del área de conservación local.

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Colocación de la primera piedra
En 1906 Mgr. Robert Hugh Benson adquirió la casa de Hare Street, cerca de Buntingford. Mgr.Benson (1871-1914) era hijo de E.W. Benson, Arzobispo de Canterbury desde 1883 -1896, y fue un monje anglicano antes de su conversión al catolicismo romano, a cause célebre en 1903. Un hombre de gustos sofisticados y exóticos, como sus hermanos Frederick (autor de las novelas de Mapp y Lucia) y Arthur, Benson fue un escritor, especializado en historias de fantasmas y en novelas con un sabor a católico milenario. Además de adornar la casa de Hare Street y de construir una capilla en una vieja cervecería, él puso en marcha y financió la construcción de una nueva iglesia católica en Buntingford. Esta fue construida en el estilo gótico perpendicular a partir del diseño de Arthur Young, el cual tres años antes había diseñado la nueva iglesia de Old Hall Green. Los constructores fueron Jacklin y Compañía de Royson, y la primera piedra fue puesta el 16 de mayo de 1914. Benson murió en octubre de 1914, aparentemente de agotamiento, un poco tiempo antes de su cumpleaños número cuarenta y tres. Fue sepultado en la huerta de Hare Street, sobre la cual se encuentra una capilla memorial dedicada a San Hugo, la cual fue abierta en 1917, diseñada por el padre Benedict Williamson, (de acuerdo con el padre Anthony Symondson en un artículo anteriormente citado) y sirvió como una capilla a la parroquia de Buntingford. Hare Street House fue legada por Benson a la Arquidiócesis de Westminster como casa de descanso para el arzobispo.

La iglesia de Buntingford, dedicada a San Ricardo de Chichester, se convirtió en la Iglesia Memorial Benson. Fue abierta el 21 de enero de 1915, y de esa época son la nave, el sagrario, la sacristía y el presbiterio. La capilla de la Virgen se añadió en 1916, financiada por una donación anónima de una dama estadounidense.

                                          
John Salmon [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

 El pórtico en 1934 y la torre en 1939 (ésta y probablemente el atrio, fueron diseñados por Allan D. Reid, un socio de Young). En la torre el padre Messenger, el párroco de esa época, incorporó fragmentos de mármol y piedras traídos de San Juan de Letrán, del Coliseo, de las catacumbas romanas, de Atenas, de Tierra Santa y de la Abadía de San Albano. La iglesia fue consagrada por el muy reverendísimo obispo de Lamus, Edward Myers el 5 de junio de 1940.

La lista de abajo describe la arquitectura de la construcción, pero dice poco acerca del mobiliario. La siguiente información puede ser añadida

-       La caliza del relleno es de la cantera de St. Aldhelm Box Group.

-       La torre de 1939 tiene 45 metros de altura, con una aguja de cobre de 35 pies.

-       Las vigas del techo interior de la iglesia son enteramente de roble.

-       El suelo del santuario fue terminado con mosaicos de mármol, mientras que el altar gótico y el retablo son de piedra de Bath con mármol amarilla de Siena. Ubicado sobre la parte superior del retablo hay una pequeña imagen de Cristo en bronce con los brazos extendidos. Se ha ubicado una mesa en el reordenamiento post Vaticano II.

           
John Salmon [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

-       La capilla de la Virgen tiene el altar gótico y el retablo de piedra de Bath, y está amueblado con curiosidad presumiblemente recogido por Mgr. Benson, e incluye un relicario de madera pintada y una pintura en óleo enmarcada de San Casimiro, santo patrono de Lituania.
  
-       El vitral en la ventana este representa a Cristo Majestuoso flanqueado por San Jorge y San Ricardo de Chichester, hecho por Hardman Studios, en 1949.

                             
John Salmon [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons
  
-       En la pared norte está fijada la imagen de un santo obispo (¿San Ricardo?) en memoria de Arthur Morgan (f. 1930).

-       La nave central está provista de bancos modernos (una fotografía en los archivos de la diócesis muestra sillas individuales).


                           The Tablet 
                                                                                                                     8 de Agosto de 1936
                                
                        El Apostolado Rural, Buntigford

La historia católica reciente de Hertfordshire se está consolidando para aquellos que se preocupan por la volver a catolizar Inglaterra.

Lo que ahora conocemos como St. Edmund´s Ware tuvo sus inicios en Old Hall Green en 1769. Por muchos años la totalidad del condado era servida por este único centro. En 1864 hubo otras dos misiones a Hertfordshire: Waltham Cross y Hertford. Luego comenzó una gran ofensiva, y en los cincuenta años siguientes fueron llevadas a cabo veinte misiones.

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Foto de la construcción 1914

Hasta hace poco, sin embargo, en 1908, Old Hall Green sirvió a un distrito de 120 millas cuadradas. Buntingford estaba en esta parroquia e incluso la distante ciudad de Royston.

En 1912 Buntingford tuvo su propio sacerdote, y en 1914 la primera piedra de la actual iglesia fue puesta por Monsignor Benson.

El levantamiento de una iglesia real para Buntingford fue el sueño del “Padre Benson” – una iglesia tan digna como solían ser las hermosas iglesias en el país previas a la Reforma. Iba a ser una iglesia de piedra de sílex con una torre coronada por una aguja y así tal cual sería. Aunque Monsignor Benson murió a los pocos meses después de haberse iniciado la construcción, su “sueño” se convirtió en su memorial y cuando se termine esperamos que sea incluso más hermosa que la que soñó.

La Misa se ha dicho en ella desde 1915 y gradualmente, mediante el constante y valiente esfuerzo de los sacerdotes parroquiales, el memorial se está acercando a su conclusión. El padre Benson murió justo antes de que la gran distracción de la guerra, de lo contrario no hay duda que nosotros le hubiéramos dado lo que merece más rápidamente. La misma Buntingford, aunque significaba tanto para su gente, pudo hacer poco. En una parroquia que incluye veintiuna parroquias rurales hay solamente setenta y cinco católicos.

                                
Eirian Evans [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons
Buntingford está a treinta millas de Londres, y la iglesia está en el camino principal de Londres a Cambridge. Se ubica en la entrada sur de la ciudad y los que transitan por el camino no se la pueden perder, esperamos que no sea así.

Aquellos que ven la hermosa iglesia, la pequeña ciudad y le encantador campo alrededor puede resultarles atractivo vivir ahí y ayudar. Hay casas esperando por ellos. Una ahora está siendo construida a solamente tres minutos de la iglesia. Se encuentra en una posición alta, bien atrás del camino, y tiene seis habitaciones. Posee luz eléctrica y un cuarto para el garaje. El precio es de £595 con pleno domino de la propiedad.

En Hare Street, enfrente a la antigua casa de Monsignor Benson que ahora es la casa del arzobispo, hay una granja que va a ser dejada. Está a una y media milla de Buntingford. La casa tiene seis habitaciones, tres salas de estar, tiene luz eléctrica, agua, etc. Renta de £70 al año.

Escriba por más detalles de esta parte de Inglaterra y de las casas disponibles al Reverendo E.J. Mahoney, St. Richard´s, Buntingford, Herts.



martes, 8 de agosto de 2017

Crecer jugando con barro y agua

        
   "Ustedes han visto un niño, cómo se excita con la flor, con un insecto, porque ve un milagro en esas cosas; y es que todas las cosas son un milagro. Una hormiga es un milagro, sencillamente, ese cuerpecito diligente sostenido por seis patitas minúsculas, y que las seis patitas llegan al suelo...(Maeterlinck hizo la experiencia de cuánto vivía una hormiga, tuvo una hormiga ocho días dentro del agua y, cuando la sacó, estaba viva todavía.) Y el niño va sacando de los pájaros, y de la hojita, y del sol, una sugerencia. 

         La infancia es la época receptiva por excelencia; va el niño formando lo que se llama el subconsciente, y después sacará todo eso a flote. Es en la infancia cuando se forma ese subconsciente, y después, eso alimenta a la inteligencia, cuando la persona llega al uso de razón. Cosas que él no va a saber. Como es el caso de Paul Claudel, que se salvó gracias a su comunión  con la tierra. Se forma bien al niño en su infancia, recoge eso el subconsciente, y después el hombre va a saber distinguir la luz de las sombras; va a tener como un instinto de la luz en todos los órdenes. Bueno. Éste es un punto verdaderamente importante y hay que hablarlo hoy en tono de elegía, de muerte.

         El hombre antiguo estaba en medio del universo sensible, como el pez sumergido en el agua; de ahí las grandes culturas que han nacido y los procesos artísticos que han surgido de los egipcios, de los griegos. Estuvieron en contacto con la tierra, con las aguas, con el universo. Y eso estaba empapando su vida con mil sugerencias, con misterios luminosos.

         Nunca identifiquen "misterio" con "sombras" sino con "luminosidad". Es cuando llegamos a mirar las cosas en sí. Nos esforzamos hasta llegar a la esencia de la cosa, y después cuando vemos la cosa en sí, ya está: estamos en la posesión del misterio. El misterio hombre, y el misterio mujer; y el misterio cielo, y el misterio ángel, y el misterio Dios. El hombre antiguo hacía así, y de ahí que daba esa floración tan diáfana.

         El hombre moderno, qué es lo que ha hecho: se ha aislado de la naturaleza, porque partió de un punto falso. Todavía rebelado, (creyó que no) es la naturaleza la gran amiga del hombre. Y el hombre ha creado un mundo de acero, y todo es áspero, y no sabe sino matar a sus niños. Ese ambiente sin sol, sin cielos, sin aves, sin barro, sin agua. Tiene que haber una reacción, o por lo menos una potente nostalgia, que lleva al hombre a ese contacto con las cosas creadas, de las que acepta el hombre la sabiduría".

                                                                 Fray Mario José Petit de Murat, El amanecer de los niños

                       Nota de Beatrice: la foto que ustedes ven arriba corresponde a dos de mis hijos con sus pies en la acequia que cruza nuestro campo. El agua está a no más de 5 grados celcius, pero a pesar del frío,  no hay cosa que disfruten más estos pequeños salvajes que estar con el agua hasta la rodilla, con los pies llenos de barro, y nuestra perrita corriendo como un verdadero perro de agua en el arroyo.. Dichosos los que vivimos en el campo. Bendito sea nuestro Señor, que nos regala estos pequeñas gracias que convierten a los niños en hombres hechos y derechos.

viernes, 4 de agosto de 2017

¡Gracias Wanderer! ¡Hasta pronto!


The Wanderer


Querido Wanderer:

                               Con gran sorpresa esta semana me encontré con que su último post se titulaba: "Sicut gloria mundi transit, sic etiam transit The Wanderer",  lo cual me llamó profundamente la atención porque además, no daba pie para los comentarios. Confirmada por usted mismo mi sospecha de que el blog ya no va, he decidido escribirle estas palabras.

                               No recuerdo cómo llegué  a su blog el 2009, seguramente buscando algún material sobre monseñor Benson, al cual recién venía conociendo. El punto es que encontrar su blog fue para mí una revelación, y de ahí en adelante me hice adicta. No hay día en que no revise si hay alguna nueva publicación, y es por eso que hoy quiero darle las gracias por estos años de amena lectura. El Wanderer ha sido un lugar de encuentro con muchos amigos que comparten no solamente la misma fe, sino que además los mismos gustos literarios, los mismos principios, los mismos ideales, y el soñado mismo modo de vida. Cómo no darle las gracias por haberme presentado a autores que no conocía:  a Senior, a Bouyer, y hasta a la misma Natalia Sanmartí y su Srta. Primm. Cómo no agradecer por haberme enlazado con otros tantos sitios que ahora también sigo. Gracias a usted conocí a Jack Tollers, a Ludovicus, a Lupus, al Poeta,  y a otros tantos que se sumaban a su blog escribiendo eventualmente y cuyos artículos siguen siendo una luz en medio de esta época llena de confusión y de verdades a medias, o como ahora dicen, de post verdades. Cómo no agradecerle las historias de don Gabino: tan sabias, tan simples, llenas se sentido común y de enaltecedora espiritualidad, como la conversación que se puede llevar a cabo con buenos amigos mientras se toma una copa, o se toma un té inglés como mi Mateo.

Los que no conocen de la historia de la Iglesia no comprenden que ser católicos no significa aceptar a ciegas  todo lo que diga un pontífice, y que  no se puede criticar lo que viene de la jerarquía y del clero cuando estos están errados. Muchos no han entendido que sus críticas a algunos obispos, sacerdotes y hasta al mismo papa no están movidos por otra cosa que no sea el amor a la Verdad, y no un ataque personal hacia ellos. Cuando se quiere confundir a las almas, lo que tarde o temprano puede tener consecuencias para la eternidad, es deber de todo católico corregir al que confunde y enseñar a los que están confundidos y esto es precisamente lo que su blog ha hecho.

A usted don Wanderer le debo el haber comenzado con mi blog. Usted me animó para dar el punta pie inicial y además, ¡me llenó de visitas! Casi el 80% de mis lectores viene de su bitácora.

Le extrañaré, ¿qué quiere que le diga?  Usted forma parte de mi rutina en internet, y me siento como si hubiera perdido a un amigo. Y tal como hace un par de años, espero que algún día retome nuevamente el blog, siguiendo el ejemplo de Sir Conan Doyle con Sherlock Holmes, y el Wanderer reviva. En un medio plagado de basura, plagado de maldad, donde el demonio está desatado por doquier, blogs como el suyo hacen mucha falta. Aunque también comprendo que han sido 10 años que han tenido luces y sombras, alegrías y muchas tristezas e incomprensiones, pero sepa que nuestro Señor que tiene contados nuestros cabellos, sabe de todo esto que ha pasado y  lo tendrá en cuenta. Tendrá presente todo el bien que a través de este medio usted le ha hecho a tantas almas, entre las que me incluyo.

 The Wanderer - El Caminante -  ha peleado el buen combate y no pierdo las esperanzas de que sea un ¡hasta luego!. Me despido con la satisfacción de haber conocido a un auténtico caballero.

Suya con afecto y admiración,
Beatrice